Cap 37 Ahora somos ricos

Durante las últimas sesiones de nuestro tratamiento se nos aplicó otra evaluación. Según los resultados obtenidos en ella, habíamos logrado nuestro objetivo inicial: erradicar la enfermedad y adquirir una sana conciencia de riqueza.

Pero, más que ver ese resultado en un papel, lo más maravilloso es verlo actualmente en nosotros mismos y en nuestra vida. Nuestra salud se refleja en nuestras emociones, nuestras actitudes y toda la gama de nuevas y maravillosas sensaciones que experimentamos en torno a la riqueza y el dinero. Externamente, nuestra salud también se ve reflejada en nuestra forma de vida actual y en nuestra economía.

Mis ingresos se multiplicaron como resultado de atender a más alumnos, brindar un excelente servicio, tener un lugar adecuado para desempeñar mi trabajo, aprovechar mejor el tiempo, cobrar bien, etc. Aunque dejé el trabajo en la escuela y sólo doy clases particulares por las tardes, los ingresos que obtengo con esta actividad superan en mucho a lo que antes ganaba en ambos trabajos.

Debido a que siempre me ha interesado ayudar a otras personas a desarrollarse y gracias a mi amplia experiencia educativa, fui invitado a colaborar como instructor en el Hospital. Además, como me gusta mucho escribir, también se me ofreció participar en la redacción de los materiales de apoyo que son utilizados ahí. Como parte de esta labor propuse la creación de un libro que sirviera para dar a

conocer la misión de la institución. De esta manera, mucha gente tendría en sus manos un texto que le permitiría desarrollar su propia conciencia de riqueza en caso de no contar con la posibilidad de ingresar al Hospital. La propuesta fue aceptada con entusiasmo y se me encomendó la tarea de redactar el libro que en este momento tienes en tus manos. Normalmente dedico parte de la mañana a estas actividades.

Edith fue ascendiendo en su trabajo y actualmente es gerente de una tienda de ropa para dama. Tiene un excelente salario y está muy contenta.

Cada uno de nosotros disfruta verdaderamente lo que hace y a cambio de ello recibe una buena suma de dinero. ¿No es fantástico?

Ya no nos asustan las noticias cuando se habla de tiempos difíciles para la economía del país pues, aunque sabemos que ésta influye de alguna manera en nuestras economías individuales, no tiene ninguna influencia en la calidad del servicio que brindamos y en la forma en que utilizamos nuestra capacidad para creer, para sentirnos merecedores, para dar gracias, para compartir nuestra riqueza, para dar, para sentirnos bien recibiendo dinero, para disfrutar toda la riqueza que nos rodea, para ser conscientes de la manera en que gastamos, para tener una actitud sana hacia las deudas, el ahorro, el dinero o la riqueza de los demás y para atraer sucesos a nuestra vida de acuerdo a la programación de nuestro subconsciente.

En muchos sentidos somos personas completamente diferentes a las que éramos antes de ingresar al Hospital. Ahora entendemos que es una gran mentira decir: “yo soy así y no voy a cambiar”. La manera en que aparentemente somos no es más que la programación de nuestro subconsciente y, dado que podemos cambiar esa programación, podemos cambiar como personas.

Entonces, ¿somos ricos ahora? Sí. Somos verdaderamente ricos. Esto no significa que tengamos

montañas de dinero, como me dijo la anciana en el supermercado. De hecho, hay bastante gente a nuestro alrededor que tiene más que nosotros. Pero ser rico no depende de la posesión de una gran cantidad de riqueza y eso lo sabemos muy bien. Ser rico implica mucho más.

Precisamente, nuestra última actividad en el Hospital consistía en enfocar constantemente nuestra atención en las conductas y actitudes que reflejan nuestra actual conciencia de riqueza. De esta manera, las raíces de nuestra salud se harían cada vez más profundas y fuertes dentro de nuestro subconsciente.

Ahora somos ricos, pues disfrutamos recibir dinero y riqueza, confiamos en nuestra capacidad para atraer riqueza, nos sentimos merecedores de una vida abundante, compartimos nuestra riqueza con gusto, nos fascina tocar el dinero, somos conscientes de la abundancia que nos rodea, disfrutamos darnos gustos con nuestro dinero, apreciamos la riqueza de los demás, damos gracias por toda la riqueza que tenemos, no nos preocupa nuestro futuro económico, cuando pagamos lo hacemos con gusto, disfrutamos toda la riqueza que tenemos, sabemos que todos merecen riqueza, valoramos a los demás sin importar lo que poseen, ganamos dinero haciendo cosas que nos gustan, utilizamos adecuadamente toda la riqueza que está a nuestro servicio, tenemos dinero para todo lo que queremos, no compramos cosas impulsivamente…

¡Es maravilloso estar sanos! Es fantástico experimentar con una nueva intensidad cada instante de nuestra vida sin ninguna de aquellas molestias que constantemente aparecían mientras estábamos enfermos.

Antes de este cambio, la conciencia de pobreza nos acompañaba en todo momento. Era como una segunda piel a la que no podíamos renunciar. Ahora sabemos que, de la misma manera, la sana conciencia de riqueza que hemos desarrollado estará con nosotros hasta el fin de nuestros días. Podremos cambiar de trabajo, de casa, de ciudad, de

pasatiempos, de amigos o de forma de vida. Pero siempre seguiremos siendo personas ricas.

Actualmente seguimos usando cada una de las actividades que nos permitieron adquirir la salud, aunque no con tanta intensidad como al principio. Practicamos el intercambio de riqueza cuando brindamos un servicio en nuestro trabajo, tocamos el dinero por el solo gusto de hacerlo, usamos nuestras oraciones de distintas maneras, etc. Estas actividades han pasado a formar parte de nuestra vida cotidiana. Cada una de ellas nos resulta tan natural como lavarnos los dientes. Sabemos que es importante seguir usándolas para reforzar esa saludable programación en nuestro subconsciente.

Sí. Ahora somos RICOS.

¿Qué pasó por tu mente cuando leíste en el primer capítulo que Edith y yo nos habíamos convertido en personas ricas para siempre? Tal vez pensaste que era un exagerado o un mentiroso. ¿Lo crees aún?

Me gustaría poder colocar una microcámara escondida entre las letras de ese capítulo para ver la cara de todos los lectores cuando comienzan a leer el libro. ¡Ah! ¡Cómo me divertiría! Así hubiera visto la cara que pusiste al leer esas líneas.

Dime con sinceridad, ¿no desearías tú una vida así? Pero, espera; eso no es todo.

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