Cap 38 La verdadera riqueza

En muchos sentidos la vida es UNA, aunque a la vez está formada por distintas partes. Pensemos, por ejemplo, en las células de un tejido. Cada una de ellas es única, pero a la vez está relacionada con todas las demás, comenzando por las que se encuentran más cerca. No podemos concebir la existencia de una célula sin el tejido, pero el tejido tampoco puede existir sin las células. De la misma manera existe una unidad entre un órgano y todos los tejidos que lo forman. Si pensamos en un sistema encontraremos otra vez una unidad entre todos sus órganos, a pesar de que cada uno de ellos es único y diferente a los demás. De igual forma, los diferentes sistemas (circulatorio, nervioso, respiratorio, etc.) conforman la unidad del cuerpo.

Lo mismo sucede con la conciencia de pobreza: existe una unidad en la enfermedad. La conciencia de pobreza es la suma de un conjunto de programas inadecuados a nivel subconsciente que generan desde nuestro interior diversas emociones, conductas y consecuencias inadecuadas en torno a la riqueza y el dinero. Aunque podemos observar por separado cada uno de los síntomas, ellos forman un todo. Si sólo atacamos algunos de estos síntomas los resultados que obtendremos serán muy limitados y difícilmente podremos lograr un cambio real.

A su vez, la enfermedad forma una unidad con el resto de nuestra vida. Las consecuencias de nuestra conciencia de

pobreza repercuten de alguna manera en todo los demás: salud, relaciones, trabajo, autoestima, etc. A otro nivel, nuestra enfermedad forma una unidad con la enfermedad de los demás. Cuando estamos enfermos contagiamos con nuestras actitudes, creencias y emociones a quienes están cerca de nosotros, empezando por nuestros hijos.

Para lograr un cambio es necesario empezar desde lo poco hacia lo mucho. Para que el tejido llegue a estar sano, cada célula debe comenzar por sanar. Si verdaderamente queremos colaborar para que se erradique la pobreza que hay en nuestra ciudad, en nuestro país y en el mundo, lo primero que debemos hacer es dejar de formar parte de ella.

También la conciencia de riqueza debe ser vista como una unidad. Es indispensable desarrollar una programación adecuada que abarque todos los aspectos de nuestra salud. Tan importante es sentirnos a gusto pidiendo riqueza como valorar lo que damos en nuestro trabajo, tan importante es saber ahorrar como sentir que merecemos darnos gustos con nuestro dinero, tan importante es evitar las compras impulsivas como sentirnos agradecidos por todo lo que recibimos. Como la mayoría de la gente no percibe esta unidad, tienen poco éxito las campañas que frecuentemente se llevan a cabo para fomentar el ahorro, terminar con la “piratería”, ayudar a víctimas de terremotos o inundaciones, reciclar basura, etc. Las personas con conciencia de pobreza consideran cada una de estas acciones como algo aislado que tiene poca o nula repercusión en el resto de su vida.

Para Edith y para mí, así como para todos los que ya habíamos concluido exitosamente nuestro tratamiento en el Hospital, esta unidad era evidente. Al final del maravilloso proceso que habíamos seguido podíamos apreciar cómo se relacionaban todas las conductas, actitudes, emociones y reacciones sanas que ya habíamos adquirido.

Además, ahora podemos ver la unidad que forma nuestra conciencia de riqueza con el resto de nuestra vida gracias a los cambios tan positivos que hemos

experimentado en diversos aspectos.

Nuestra relación de pareja mejoró de manera notable. Ahora tenemos más tiempo para estar juntos y nuestra comunicación es más amplia. Es cierto que en ocasiones discutimos, pero en cuestión de dinero y cosas materiales las discusiones prácticamente desaparecieron. Además, ahora estamos más tranquilos gracias a que no tenemos presiones económicas; eso nos permite enfrentar con mayor calma cualquier diferencia que haya entre nosotros.

Ahora somos mejores padres. Antes yo pasaba muy poco tiempo con los niños. Me iba muy temprano a trabajar y casi siempre regresaba cuando ya estaban dormidos. Sólo los veía a la hora de la comida. Ni siquiera los domingos estaba suficiente tiempo con ellos ya que frecuentemente aprovechaba para dar clases particulares. Ahora desayuno todos los días con Nadia y Julisa y las llevo al colegio en nuestro auto; durante ese tiempo platicamos y bromeamos. Por la mañana juego un rato con Albin. Los días en que no doy clases ayudo a las niñas con sus tareas y juego con ellas. Antes, debido a mi trabajo, me era prácticamente imposible asistir a las actividades escolares de mis hijas; tenía que conformarme con que Edith me platicara lo hermosa que se veía Julisa bailando con sus compañeritos o lo bien que había actuado Nadia durante el festival de primavera. Ahora asisto a la mayoría de los eventos en que participan; disfruto mucho mientras se encuentran en el centro del escenario y me siento dichoso de poder estar ahí, sabiendo que mi presencia es muy importante para ellas.

Como Edith está feliz con su trabajo y ya no se siente presionada por problemas económicos, es más paciente con los niños.

Ahora podemos proporcionarles cosas que les ayudan a crecer y desarrollarse. Además, les estamos transmitiendo actitudes y creencias sanas respecto al dinero, a la riqueza, a sí mismos, a los demás, a la vida y a Dios. Aún tenemos bastante que aprender como padres pero ciertamente, gracias

a la conciencia de riqueza que hemos adquirido, desempeñamos mucho mejor esta noble tarea.

La atención que le damos a nuestro cuerpo también ha mejorado notablemente. Edith y yo nos inscribimos en un club de natación al que asistimos dos o tres veces por semana. El ejercicio nos relaja y nos permite poner en actividad todo nuestro organismo. Lo disfrutamos mucho. Como ya no ando tan apresurado me alimento y descanso mucho mejor. Además, ahora podemos comprar todos aquellos alimentos que nos gustan y que sabemos que son buenos para nuestro cuerpo sin preocuparnos por el precio. Muchas de las molestias y pequeñas enfermedades que Edith padecía constantemente como consecuencia de la tensión nerviosa han desaparecido.

Aunque el proceso de cambio que hemos seguido no ha estado directamente dirigido al desarrollo de nuestra autoestima, sí hemos experimentado un gran crecimiento en esta área. Para empezar, simplemente el hecho de desligarnos de tantos sentimientos inadecuados y apreciar el maravilloso crecimiento que hemos logrado nos ha permitido valorarnos más y sentirnos mejor con nosotros mismos.

Nuestra relación con los demás ha cambiado. Ahora comprendemos mejor a todas las personas que nos rodean pues entendemos que sus reacciones y conductas son producto de su programación subconsciente. Apreciamos más a nuestros padres por toda la riqueza que nos proporcionaron mientras crecíamos. Entendemos las actitudes que tuvieron con nosotros a pesar de que muchas de ellas fueron nocivas. Comprendemos las preocupaciones, angustias y sufrimientos que tuvieron que pasar a consecuencia de su propia enfermedad.

¿Y nuestra “espiritualidad”? Ciertamente nos sentimos mucho más “espirituales” que antes. Al entender la forma en que funciona nuestro subconsciente aprendimos lo que es la verdadera fe y lo que realmente significa creer. Nos

desprendimos de muchos conceptos y creencias equivocadas en relación con Dios y la riqueza. Ahora somos más conscientes de la presencia de Dios en nuestra vida; continuamente nos sorprendemos a nosotros mismos en diferentes lugares y momentos expresando un profundo agradecimiento al Creador por la riqueza que está a nuestro servicio y por la maravillosa capacidad que ha puesto dentro de nosotros.

El dinero y las cosas materiales ya no son una preocupación ni una prioridad en nuestra vida. Tenemos lo que deseamos y necesitamos materialmente. Eso nos permite concentrar nuestros pensamientos y energías en seguir creciendo en otros aspectos. Hemos comprendido la fabulosa capacidad con que contamos y sabemos que podemos utilizarla también para desarrollarnos en otras áreas.

Finalmente, ¿tenemos una vida más plena ahora? Creo que no hace falta contestar esa pregunta.

No cabe duda. Gracias a la conciencia de riqueza que hemos adquirido nuestra vida es ahora mucho más rica, no sólo materialmente sino en muchos otros sentidos. Y eso es lo que significa ser verdaderamente RICOS.

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