Cap Final 39 Todo depende de ti

Algunas veces, en momentos inesperados, me parece escuchar una suave vocecilla, como la de un duende travieso que se acerca a mi oído y, con sus susurros, me transporta al país del “qué tal si…”

La voz me dice: “¿Qué tal si tú y Edith no hubieran conocido ahora el Hospital sino hasta dentro de diez o quince años?” “¿Qué tal si lo hubieran conocido cuando sus hijos fueran ya mayores y hubieran emprendido el vuelo del nido familiar?” Imagino cómo sería nuestra vida, nuestra relación, la relación con nuestros hijos, nuestro trabajo… Imagino las limitaciones, los problemas, las tensiones, las ansiedades, el dolor, el sufrimiento… Pienso en nuestros hijos y en todas las consecuencias que esto hubiera traído a su existencia. Un escalofrío recorre mi cuerpo. Me duele pensar siquiera en la posibilidad de haber continuado una década, un lustro o hasta un año con esa terrible enfermedad y todo lo que ella estaba generando en nuestras vidas.

El duende parece divertirse y decide hacer el juego más complicado.

“¿Qué tal si nunca hubieran cambiado de ciudad?” “¿Qué tal si nunca hubieran conocido el Hospital?” “¿Qué tal si hubieran pasado toda la vida con esa programación enfermiza que habitaba dentro de ustedes?”

Además del sudor frío que corre por mi cuerpo siento un hueco que se abre en mi estómago. Sé lo insatisfactoria y

limitada que hubiera sido nuestra existencia.

Pero me gusta este juego y le doy gracias al duende por iniciarlo, porque después de pensar un momento en eso me

siento aún más dichoso de haber tenido la oportunidad de conocer el Hospital y haber adquirido esta maravillosa salud.

Y, siguiendo con el juego del duende, ahora yo lanzo las interrogantes.

¿Qué tal si tú, querido lector, querida lectora, hubieras conocido el Hospital y no nosotros? ¿Qué tal si tú hubieras tenido la oportunidad que hemos tenido? ¿Qué tal si en este momento fueras ya una persona con una sana conciencia de riqueza? ¿Cómo sería tu vida, tus relaciones, tu crecimiento, tus satisfacciones o tu trabajo? ¿Qué tal si tú me estuvieras narrando esta historia a mí? ¿No sería glorioso? Sólo imagínalo.

¿Qué tal si tus padres hubieran conocido el Hospital y hubieran desarrollado una sana conciencia de riqueza cuando tú eras apenas un bebé? Piénsalo de verdad. ¿Cómo hubiera sido tu vida? ¿Cómo sería ahora?

¿Qué tal si alguno de tus amigos, tus hermanos o tus hijos hubiera conocido el Hospital y en este momento nos estuviera narrando esta historia? Piensa en cada uno de ellos. ¿Quién te gustaría que fuera?

Pero hemos sido nosotros y no tú, ni tus padres, ni tus hijos, ni tus hermanos, ni tus amigos. ¿Por qué? ¿Qué tenemos que no tengas tú o cada uno de ellos? No lo sé. Tal vez, en nuestra desesperación por escapar de la pesadilla en que nos encontrábamos, en algún nivel de nuestro ser deseamos con mucha fuerza algo que nos ayudara y, entonces, nuestro subconsciente atrajo esta oportunidad. Muchas veces nos hemos sentido agradecidos porque dejé la universidad, por haber cambiado de ciudad y por haber conocido el Hospital.

Hay un proverbio oriental que dice: “cuando el discípulo está preparado, aparece el maestro”. Aplicado a nuestro caso, diría: “cuando el enfermo está preparado, aparece el Hospital”. Puede ser.

Ya que hemos sido nosotros y no tú, he querido escribir este libro para compartir contigo nuestro proceso de curación y nuestro crecimiento con la esperanza de que también a ti te ayude a entender la enfermedad, a conocer la inmensa capacidad que reside dentro de ti y a utilizar esa capacidad para adquirir tu salud. Si reescribimos el proverbio una vez más, tal vez en tu caso diría: “cuando el otro enfermo está preparado, aparece el libro del Hospital”. ¿Te gusta? ¿Lo crees así? ¿Crees que este libro ha llegado en buen momento a tu vida? Ojalá así sea.

No sé si te has puesto a pensar alguna vez cómo crees que será tu vida dentro de cinco, diez, veinte o treinta años. Ahora sabes que la manera en que sucedan las cosas no dependerá de cuánto te esfuerces, de la suerte, del destino, de la voluntad de Dios o de la economía del país. Sólo dependerá de lo que hay dentro de ti. Únicamente dependerá de la salud o enfermedad que exista en tu subconsciente con respecto a la riqueza. No podrás quejarte, echar la culpa a otros o atribuir el resultado de tus éxitos o fracasos a Dios.

Lo último que puedo decirte es que leas y releas nuestra historia. Sé que encontrarás en ella todo lo que te ayudará a sanar y un día, muy pronto, serás también una persona rica y podrás gozar de todos los maravillosos beneficios de esta salud.

Cuanto más leas el libro, mayor impacto tendrá en tu subconsciente y más inspiración encontrarás para poner en práctica cada una de las actividades.

Quizás te surjan muchas dudas. No importa. Vuelve a leer y sigue aplicando las actividades. Entonces encontrarás respuestas a tus preguntas o descubrirás que realmente no eran tan trascendentes. Todo lo que necesitas está aquí. Lo demás, invéntalo tú.

Tienes la misma capacidad que nosotros para ser una persona rica. Tienes la misma capacidad que nosotros para crecer y cambiar. Tienes la misma capacidad que nosotros para sanar. Aprovéchala.

Quizás algún día viajemos a otros lugares a enseñar lo que hemos aprendido o fundemos Hospitales en otros sitios. Entonces tal vez te conozca personalmente.

Mientras ese día llega, no dejes de dedicarte a crear tu salud. Y cada vez que camines por las calles, fíjate muy bien. Puede ser que pases frente a un enorme edificio gris con grandes letras doradas que dice: HOSPITAL DE LOS POBRES. Si lo encuentras, no lo dudes ni un segundo. Cruza la puerta y acepta vivir la aventura que implica estar ahí. Tú ya sabes lo que ese hospital puede hacer por ti porque ahora sabes muy bien que no todos los hospitales son iguales.

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